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Many Little Things

 Una casa en el primer piso de una esquina, Aquel libro de tapa azul en la mesita de luz, Un raído mapa que guarda la forma de América Latina, Una cubierta de bicicleta que perdió el dibujo, El aroma de una planta, cualquier planta, Un dado bordó y el terciopelo verde, La camiseta de River con un cinco en el dorso, Una sonrisa,  La noche.  Esas cosas (nimias, ignotas), me devuelven, de alguna u otra forma, al eje. Me pierdo y me encuentro, o me pierdo para encontrarme. No lo sé. Un recuerdo fugaz, la frase de un libro (ese libro), un aroma, aquella canción, una imagen; activan, reavivan, algo (¿un sentimiento?) y cae, pieza a pieza, el dominó de la nostalgia. Aunque no entienda el porqué, alguna de esas cosas siempre está ahí para recordarme, para devolverme, para anclarme. No sé muy bien a dónde, no sé muy bien cómo, no sé muy bien por cuánto. Pero, siempre vuelvo a algún lugar, a cualquier lugar. Todo los fuegos el fuego, todos los lugares este lugar. Mi lugar. Hay luga...

Incertidumbre

De dónde viene este dolor, desde dónde asoma este nudo, será acaso ese amor que un día se fue mudó. La costumbre y el silencio, perpetraron el olvido, dando lugar a este solitario temido que, acobijado, presencio. ¿Cómo se pausan, momentáneamente, los sueños y las ganas?  ¿Cómo seguir la vida, simultáneamente, cuando me atacan estas lágrimas mundanas? Repentino y sombrío, me invade este hastío. Se asemeja a los anteriores, mas sólo regala dos colores, en un gris se funden, un diáfano blanco y el aciago negro.

Continuidad del Tiempo

 El tiempo avanza,  como también la vida avanza. Aunque, por momentos, la vida duele, y el tiempo, simplemente no duele. Tiempos difíciles,  vuelven imposibles tareas disímiles, la vida y la felicidad parecen escapar sin dejarse nunca atrapar. El dolor se asienta, cómodo mientras se oye como metrónomo un sonido encantado, que nos reclama el éxito como estado El dolor se jacta perpetuo, y debe ser tomado con respeto, más ello no lo vuelve eterno, mientras nos posea el amor más tierno. Una sonrisa puede salvarte el día, un amor puede salvarte la vida, mas el éxito continúa esquivo, quizá sea efímero su camino. Mientras, un pequeño paso se agiganta en el ocaso cuando, sumado al siguiente, aparece un camino suficiente.  Ha de volver el buen momento, en compañía de todo sentimiento. Nada es perpetuo, ni aún el infinito, ingenuo. El amor y una sonrisa, te devolverán la brisa, y, cuando desaparezca el dolor incierto, todo esto se volverá recuerdo.

Ciudades

La ciudad es fría,  la ciudad es sonora,  no un frío que quema,  no un sonido que sosiega, sino un frío solitario, sino sonido abrumador. La ciudad rebasa personas,  y sin embargo, también soledad. Una ciudad repleta, repleta de conversaciones indistintas, repleta de compañías efímeras,  repleta de apuros ininteligibles,  repleta de carencias que abundan. Una ciudad carente, carente de cariños encontrados,  carente de sueños anhelados, carente de amores perdurables, carente de las abundancias que carece. Y, sin embargo, algo me atrae. Algo me sostiene, algo me une invisiblemente a esta ciudad atrayente. Aunque no sé bien dónde es aquí, algo me empuja a quedarme aquí, ¿O será alguien?

El otro océano

He determinado hallar en las exigencias del tiempo y el fervor del universo, una suerte de azar que he procurado conquistar, mas no he logrado comprender cómo al destino someter. Adversa es mi fortuna, de búsquedas inoportunas, que mis penas han de padecer. Un mar de sentimientos, merodean el corazón, perpetrando la razón y asfixiando argumentos que, a cada momento, sucumben a este amor. Eterno presagio el dolor que fluye como un río y, ostentando su bravío, se presenta Inquisidor No en vano habré vagado, cuando alce los ojos, el carmesí se torne rojo, y erija del pasado un frío reloj desolado. Un sutil y pasajero anhelo brote austero, emerja del horizonte, y la estrella del norte descubra mi sendero