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Ciudades

La ciudad es fría,  la ciudad es sonora,  no un frío que quema,  no un sonido que sosiega, sino un frío solitario, sino sonido abrumador. La ciudad rebasa personas,  y sin embargo, también soledad. Una ciudad repleta, repleta de conversaciones indistintas, repleta de compañías efímeras,  repleta de apuros ininteligibles,  repleta de carencias que abundan. Una ciudad carente, carente de cariños encontrados,  carente de sueños anhelados, carente de amores perdurables, carente de las abundancias que carece. Y, sin embargo, algo me atrae. Algo me sostiene, algo me une invisiblemente a esta ciudad atrayente. Aunque no sé bien dónde es aquí, algo me empuja a quedarme aquí, ¿O será alguien?

El otro océano

He determinado hallar en las exigencias del tiempo y el fervor del universo, una suerte de azar que he procurado conquistar, mas no he logrado comprender cómo al destino someter. Adversa es mi fortuna, de búsquedas inoportunas, que mis penas han de padecer. Un mar de sentimientos, merodean el corazón, perpetrando la razón y asfixiando argumentos que, a cada momento, sucumben a este amor. Eterno presagio el dolor que fluye como un río y, ostentando su bravío, se presenta Inquisidor No en vano habré vagado, cuando alce los ojos, el carmesí se torne rojo, y erija del pasado un frío reloj desolado. Un sutil y pasajero anhelo brote austero, emerja del horizonte, y la estrella del norte descubra mi sendero